Decenas de aficionados se reunieron desde la medianoche hasta las primeras horas de la mañana fuera del Hotel Westin en Santa Fe, una zona exclusiva en las afueras de la capital, y usaron altavoces, bocinas y motocicletas para perturbar el descanso del equipo visitante.
Las serenatas en el hotel del equipo son una tradición profundamente arraigada y muy polarizante en el fútbol latinoamericano.
Aunque comenzaron como una forma apasionada para que los aficionados se reunieran en apoyo al equipo local, con el tiempo han evolucionado cada vez más hasta convertirse en un arma psicológica diseñada para privar a los jugadores visitantes de una buena noche de sueño.
Tras los incidentes en la capital mexicana, la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) informó el martes que presentó una queja formal ante los organizadores.
"Confiamos en que estos hechos antideportivos no empañen la fiesta futbolística que une a dos países hermanos y en que prevalezcan, en todo momento, el respeto, la sana competencia y el fair play que dan sentido a una Copa del Mundo", dijo la federación.
"La FEF hace un llamado respetuoso a las autoridades competentes a prestar mayor atención a estos acontecimientos y a adoptar las medidas necesarias para salvaguardar la integridad de nuestros jugadores, cuerpo técnico e hinchas", añadió.
La emboscada de los aficionados, organizada en redes sociales, se sumó a una llegada caótica para Ecuador. La interrupción coronó una pesadilla logística agotadora para Ecuador, que tendrá que los efectos de la altitud de 2,200 metros de la Ciudad de México.
Para reducir el impacto fisiológico del aire enrarecido, los científicos del deporte suelen recomendar dos enfoques contrapuestos: un periodo prolongado de aclimatación de al menos dos semanas, o el método de "llegar y salir" - arribar lo más cerca posible del inicio del partido antes de que aparezcan síntomas agudos.
Esa es la fórmula que usan los equipos de las principales ligas deportivas de Estados Unidos cuando vienen a jugar a la Ciudad de México.
Pero el viaje de Ecuador desde Columbus, Ohio, estuvo marcado por retrasos desde el inicio. El técnico Sebastián Beccacece se quejó de que su vuelo se retrasó más de tres horas, aunque no precisó si había tomado en cuenta la diferencia horaria de dos horas entre las ciudades.
"Debíamos llegar a las 6 de la tarde hora de México... Un vuelo que era de 3 horas y media terminó siendo de 9 horas", indicó Beccacece. "Disculpen si tenemos la cara así como de cansancio".
"El equipo está bien, entusiasmado, obviamente contra un rival que en fase de grupo tuvo buenos resultados, trabaja de manera extraordinaria", añadió.
Para empeorar las cosas, el equipo aterrizó en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), ubicado a una distante 65 kilómetros de su hotel. El plantel se vio obligado a afrontar el trayecto hasta Santa Fe a través del notoriamente pesado tráfico de Ciudad de México, que además quedó más paralizado por las fuertes lluvias de la noche del lunes.