La esperanza volvió a Pereira, una de las ciudades más afectadas, con el rescate de Daniela Largo la noche del martes tras más de 12 horas de labores. Los rescatistas lograron liberar uno de sus brazos, que había quedado atrapado, al abrir un pequeño orificio entre los escombros. Una vez establecieron contacto con Largo, un médico la canalizó y, tras estabilizarla, fue trasladada en camilla para recibir atención médica.
La devastación ha puesto a prueba al nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, y a su gobierno, que se apresuran a responder al desastre natural así como a la sociedad civil, que se moviliza para brindar ayuda a las comunidades vulnerables más afectadas por el terremoto.
De la Espriella manifestó el martes que el temblor de magnitud 7.4 se había cobrado la vida de al menos 181 personas y dejó a otras 2,595 heridas en el oeste del país. Apuntó que al menos 195 seguían desaparecidas, aunque las bases de datos gestionadas por la sociedad civil situaban esa cifra más cerca de 4,000.
Los equipos continuaron revisando los escombros durante la noche en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, las ciudades más golpeadas, mientras se agota el tiempo para encontrar -y rescatar- a víctimas con vida.
Las agencias de ayuda consideran que las primeras 48 a 72 horas son cruciales para sacar a los sobrevivientes, aunque ese umbral puede ampliarse si tienen acceso a comida y agua.
Ha habido escenas de alegría en medio de la devastación: rescatistas sacando a un bebé cubierto de polvo a través de una grieta en un muro de concreto y espectadores aplaudiendo mientras los equipos subían a una mujer a una camilla.
En muchas zonas la respuesta oficial a la tragedia se ha visto complicada por las crisis persistentes de pobreza y la actividad de grupos armados ilegales, que lleva décadas provocando desplazamientos forzosos.
"Este terremoto agrava una situación humanitaria ya grave y se necesita un mayor apoyo para la respuesta humanitaria", afirmó Giovanni Rizzo, director del Consejo Noruego para Refugiados en Colombia.
Un acuerdo de paz de 2016 entre los rebeldes y el gobierno, además de un conflicto armado en curso, podría permitir que las organizaciones de ayuda distribuyan alimentos y otros materiales de emergencia con mayor rapidez, señaló María José Torres, coordinadora residente de Naciones Unidas en Colombia. Las organizaciones humanitarias ya están presentes en algunos lugares azotados por el conflicto debido al proceso de paz como en Chocó, el epicentro del sismo.
"Tenemos presencia sobre el terreno. Por lo tanto, nuestra capacidad de estar allí, presentes con la gente, creo que ha aumentado exponencialmente", indicó Torres en un comunicado el martes.
Al mismo tiempo, la ayuda de otros países y de organizaciones sin fines de lucro extranjeras seguía llegando.
Estados Unidos ofreció más de $15 millones de dólares en ayuda y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que su país está listo para enviar a cientos de rescatistas y sanitarios, toneladas de suministros médicos y otros equipos.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció el martes que mandará dos aviones cargados con 100 toneladas de ayuda en los próximos días.
"Nuestras oraciones están con las familias de las víctimas, con los heridos y con todo el pueblo colombiano", escribió Bukele en X.
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Los periodistas de The Associated Press Edith M. Lederer en Naciones Unidas y Manuel Rueda en Bogotá contribuyeron a este despacho.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.